segunda-feira, 4 de dezembro de 2017

Ruego de discreción


No me diga Usted, solo acepto ché, 
Yo soy la conciencia del que empieza otra vez;
El niño que soñó y pedió su identidad,
De donde aprendió todo menos, el educar

No me diga Usted, aún no he madurado, 
El tiempo no me ha dado la esencia del honor;
Yo soy el aprendiz cual me sigo ilustrando,
La razón me ha indicado que está todo al revés.

Debo de reparar mi estructura interior, 
Ser solo el que espera de la luz del sol;
Que en todas las jornadas que pasan por mi vida,
Debo exponer mi estima como un gran pizarrón.

Y que el aula me responda con la experiencia viva,
Con que la biografia dirá quién soy yo;
Y que mañana indaguen los que quieren historia:
Yo soy la misma estirpe que floreció y murió.

El tiempo es transitorio pero tiene sentido:
Todos los seres vivos tienen una realidad,
Qe explica su existencia por todos los motivos,
Que nunca se hace olvido por más que há de callar.

Hay sapatos en tierra que van dejando huellas, 
Por donde el ser humano llegó, vivió y se fué;
Y que luego los arqueólogos rastrean los vestigios, 
De aquellas impresiones que quedan por saber.

¿Todo el  tiempo devora... Todo lo traga el tiempo?
La grandeza aparente es la gran pedanteria,
Maquillaje de arlequin aplaudido en un dia, 
Donde el vicio evapora la lealtad y la decencia.

Así nunca logramos vivir lo que queremos,
Soñar lo que aprendemos de la propria experiencia;
Que el poder del dinero no es el que tememos,
Sino, lo que nos imponen con el pavor al fuego.

No me diga Usted, solo acepto ché,
Porque aún en estos dias con medio siglo encima:
Sigo tratando el mundo con la misma inocencia,
Donde logro entender que cambiarlo me cuesta.

Jorge de la Lira

Rio Branco, abril de 2017.

Inspirado en el libro de Paulo Freire, Pedagogia de la Autonomia
(Nadie es sujeto de la autoridad de nadie)



Postar um comentário