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sexta-feira, 20 de janeiro de 2012

Los cien años de Macondo



Completando a postagem de ontem dedicada aos 45 anos da primeira edição dos Cem anos de solidão, do Gabriel Garcia Marquez, publicamos hoje a música baseada no livro, o local  e seus personagens. Recordo que lá pelos anos 75 , o Hélio Ramirez tirou esta cúmbia no violão e a troupe toda,  cantávamos pelas ruas da nossa Macondo fronteiriça. Era sucesso garantido nas serestas.


Los cien años de Macondo *
por Los Hispanos

Me voy para Macondo, ya

Los cien años de Macondo, sueñan,
sueñan en el aire
Y los años de Gabriel, trompeta,
trompetas lo anuncia
Encadenado a Macondo sueña don José Arcadio
Y ante él la vida pasa siendo remolinos de recuerdo

La tristeza de Aureliano, el cuatro
La belleza de Remedios, violines
Las pasiones de Amaranta, guitarras
El embrujo de Melquíades, oboe
Úrsula, cien años, soledad, Macondo
Úrsula, cien años, soledad, Macondo

Coro
Eres epopeya del pueblo olvidado
Forjado en cien años de amores e historia
Eres epopeya del pueblo olvidado
Forjado en cien años de amores e historia
Me imagino y vuelvo a vivir
En mi memoria quemada al sol

Mariposas amarillas, Mauricio Babilonia
Mariposas amarillas que vuelan liberadas
Mariposas amarillas, Mauricio Babilonia
Mariposas amarillas que vuelan liberadas



quinta-feira, 19 de janeiro de 2012

145 anos de solidão

Capa da primeira edição -Web Album Generator

145 años de soledad

Ruben Loza Aguerrebere ( El País Digital - UY)
Hace 45 años fue publicada una de las novelas más famosas de la literatura moderna. Hablo de "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez. Los memoriosos recordarán que en la carátula de esa primera edición se veía un barquito en plena selva. Fue la única con este detalle; a partir de la 2ª edición, una semana después, se cambió la carátula.
El pasado, como se sabe, es un bosque grande y hermoso. La historia de los sentimientos, la historia a secas, se explica siempre, aunque de manera diferente, y, quien puede atestiguarlo como pocos, es Gabriel García Márquez. En sus libros, cuya suma lo condujo al Premio Nobel de literatura de 1982, ha quedado en evidencia cuánto este escritor le debe al recuerdo, a la memoria y, por cierto, a su deslumbrante imaginación. Esta pluma logra el milagro de que no hay nada en el mundo, salvo el libro y tú, lector.
Hijo de Eligio García Márquez, quien trabajaba como telegrafista y que aparece en "Cien años de soledad", como también buena parte de su familia, García Márquez, nacido en 1927 y criado por sus abuelos maternos, el coronel Nicolás Márquez y doña Tranquilina, creció en Aracataca, un caserío perdido en las plantaciones bananeras. Este lugar fue inmortalizado con el nombre de Macondo, detalle que tomó de su maestro, William Faulkner, creador del pueblo llamado Yoknapatawpha. Y así, en un libro y otro, en Macondo, surgen y se renuevan las infinitas versiones de una vasta historia, echando mano a los recuerdos. Un mundo se desdibuja, y otro nace. De aquel universo distante, gracias a las palabras, surge el mundo vivo y mágico de sus libros, a través de cuerpos, corazones y costumbres, en quienes el tiempo ha dejado su huella imborrable.
Luego de publicar "La hojarasca", en 1955, viajó a Europa; recorrió más tarde algunos países del Este, sobre los que escribió crónicas periodísticas, mientras tomaba apuntes para futuras obras. Vivió pobremente en París. Más tarde, dio a conocer "El coronel no tiene quien le escriba" y "La mala hora" y, tras silencio de cinco años, estalló con "Cien años de soledad".
¡Cómo ha volado el tiempo para quienes la frecuentamos, deslumbrados! Y cómo sigue seduciendo a sus nuevos lectores este libro, que sin duda fue escrito en estado de gracia. Y es que "Cien años de soledad" está planeado como una composición musical cuyo "leitmotiv", que abunda en violentos contrastes humanos, es la experiencia fabulosa de un mundo que no prescinde de la magia, ni de la fantasía, que se aglutinan en Macondo.
La sucesión de hombres y mujeres que deambulan por las calles de Macondo, desnudan cuanto late en sus almas, se elevan sobre lo común y van tejiendo una dimensión mítica. En consecuencia, "Cien años de soledad" es un compendio de cuantos cabos sueltos ha desperdigado, a lo largo de los años, este escritor en sus cuentos y novelas.
La fastuosa imaginación literaria García Márquez se abisma en la vida, el amor y la muerte, de una manera única. ¿Por qué? Porque el escritor se sobrepone a la presencia de lo que no tiene respuesta, esa entelequia llamada destino, y por ello sus páginas deslumbradas siguen alimentando hoy (como diría Petit de Murat) una alta hoguera de preguntas deslumbradas. Ello ocurre con las obras maestras, intocadas por el tiempo y aunque pasen cuarenta y cinco años de soledad.
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sexta-feira, 26 de agosto de 2011

EL INSPECTOR MAIGRET - Resenha de Soledad Platero no El País Cultural


Cada hombre es un mundo

LA PRIMERA novela de la serie protagonizada por el comisario Maigret, escrita por Georges Simenon, fue Pietr, le leton, de 1931. En español circuló como Pedro, el letón, pero también como La muerte ronda a Maigret, un título más cercano a la estética de las colecciones de novelas populares en las que el célebre comisario se inscribiría.
Jules Maigret fue el protagonista de 78 novelas y 28 cuentos, y es uno de los detectives literarios más recordados por los lectores y, sin duda, el más querido. Abrió el camino del policial europeo -ese que se distanció tanto de la novela inglesa de enigma como de la novela negra norteamericana para instalarse en un clima de pequeños cafés y tabernas, en fondas que guardan el olor de muchos guisos, en pensiones y arrabales menos violentos que sórdidos o melancólicos.
Maigret es el rey indiscutible de ese ambiente, y podríamos afirmar que es él mismo quien lo construye, en tanto son siempre su perspectiva y su universo moral los que tenemos al transitarlo. Es probable que el notable éxito de la serie, que la simpatía y el afecto conquistados por el personaje, y el respeto obtenido por su creador, Georges Simenon, se apoyen en la sólida legalidad que el comisario de la Policía Judicial va desplegando a su paso, y que, aún ahora, pasados tantos años, sigue impermeable a las objeciones políticamente correctas, a los reclamos de veracidad y a las exigencias de precisión que amenazan a tantos mundos ficticios. 
El comisario no tiene hijos. Vive con su mujer, Mme. Maigret, en un apartamento del bulevar Richard-Lenoir. Tienen rutinas matrimoniales -el cine de los jueves; las cenas, una vez al mes, en casa de los Pardon; las vacaciones, una vez al año, en Meung-sur-Loire, en donde piensan vivir de viejos- que asoman siempre, lateralmente, para ayudar al lector a instalarse en la perspectiva del personaje. Para pisar dentro de los zapatos de Maigret desde que se despierta, y acompañarlo en cada paso dado en ese mundo conocido pero siempre desafiante, en el que alguien muere violentamente y hay que descubrir por qué.
El mundo de Maigret es la gente. No es París, ni las pequeñas poblaciones a las que se traslada ocasionalmente, casi siempre detrás de un impulso, de una curiosidad, sin órdenes expresas ni cobertura oficial. Su mundo es la pura gente y su circunstancia. Su mundo se edifica desde él, desde su mirada, y se completa en ese misterio siempre renovado que son las personas, sus vidas de todos los días, los hábitos en los que se han ido gastando y desdibujando durante años, hasta el punto de pedir, secretamente, que algo, aunque sea alguna desgracia, caiga sobre ellos y los arranque de ahí.

Clandestino - Gilberto Isquierdo e Said Baja

  Assim como o Said, milhares de palestinos tiveram de deixar seu país buscando refúgio em outros lugares do mundo. Radicado nesta fronteir...