sexta-feira, 17 de fevereiro de 2012

El País cultural: A pele dura de Almodóvar


Álvaro Buela

LUEGO DEL ACCIDENTE automovilístico que costó la vida de su esposa, el doctor Robert Ledgard (Antonio Banderas) está empeñado en la creación de una nueva piel sintética en su laboratorio high-tech. Lo está logrando con un cobayo humano de nombre Vera (Elena Anaya), a quien tiene prisionera en su mansión bajo la atenta custodia del ama de llaves (Marisa Paredes) y del control de cámaras de vigilancia. Ledgard ha hecho con Vera una réplica exacta de su esposa muerta, despojándola de su personalidad y aspecto originales.

La identidad remota de Vera se revelará cerca del final, una vez que también se develen otros traumas enterrados en el pasado de Ledgard: el secreto que guarda el personaje de Paredes, la existencia de una hija que se ha suicidado luego de una violación y, sobre todo, el vínculo entre el violador y Vera.

A primera vista, poco hay en La piel que habito (2011) de los manierismos que hicieron de Pedro Almodóvar una celebridad global. En efecto, la gélida textura de la imagen, que se mimetiza con la asepsia del laboratorio de Ledgard, la casi total ausencia de humor, el anclaje en un género más o menos específico (el horror científico) y el tono hierático de las actuaciones se desmarcan de la vitalidad tragicómica y sensual que irradiaba el sector más celebrado de su filmografía.

Ello contribuyó al rechazo de todo espectador que esperara encontrarse con los viejos tópicos con que Almodóvar redefinió la representación de la mujer, la pasión y la hispanidad cinematográficas. En su lugar, dominando con maestría la cámara, el espacio y el tiempo, el cineasta da un salto conceptual de alto riesgo y entrega un artefacto de extraordinaria complejidad que ofrece un permanente juego de polarizaciones entre el qué y el cómo.

MELODRAMA HELADO. Sin embargo, por debajo de esa piel (la del film y la de Vera) al mismo tiempo helada y ardiente, líquida y concreta, controlada y feroz, discurren temáticas y signos propios del cine almodovariano, sólo que acá asumen un aspecto sublimado cercano a la abstracción.




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