sexta-feira, 14 de outubro de 2011

El País Cultural: G. K. Chesterton e a narrativa Policial

Publicamos resenha de Elvio E. Gandolfo do El País Cultural UY, sobre o livro CÓMO ESCRIBIR RELATOS POLICÍACOS, de G. K. Chesterton
Detectives, asesinos y la lógica
Elvio E. Gandolfo
LAS RECOPILACIONES de ensayos de G. K. Chesterton son un festival de ingenio, sabiduría y capacidad inventiva. Eso cuando las hace él mismo. Nunca se le habría ocurrido una como ésta, con todos sus textos (o fragmentos de texto) sobre los "relatos policíacos". Inevitablemente, le habría sonado repetitiva. La selección incluye 42 trabajos de diversa medida, publicados entre 1901 y 1936, el año de su muerte. No hay explicación de su orden (que no es cronológico), pero sí se detalla su procedencia en las páginas finales.

El propio Chesterton creó un personaje muy conocido: el padre Brown. Aunque es bastante menos conocido que Sherlock Holmes, a quien dedica varios de los textos, aunque considera a Poe superior a Conan Doyle, justamente por ser poeta, y no a pesar de ello. Para él, además, la mejor novela de todos los tiempos es El último caso de Trent, de E. C. Bentley. Quizás se deba a que el "relato policíaco" al que se refiere Chesterton es básicamente la policial inglesa de enigma. Tanto el padre Brown como, sobre todo, Sherlock Holmes, tenían algunos rasgos de lo que después fue la "serie negra": por eso han perdurado.
Chesterton explica más de una vez que la llamada "literatura seria" le pone los pelos de punta: "yo me quedo con el hombre que consagra un relato breve a afirmar que puede resolver el misterio de un asesinato cometido en Margate antes que con aquel que dedica un libro entero a decir que es incapaz de resolver el problema de las cosas en general".
Unas páginas de su Autobiografía detallan la fuente de inspiración de su padre Brown: un cura real que lo asombró por su conocimiento de los crímenes y pecados humanos: "que la Iglesia Católica supiera más que yo acerca del bien resultaba fácil de creer, pero que supiera más del mal parecía increíble".
Otro tema repetido es el análisis de la lógica de un detective como Holmes. Para él es un invento brillante de Watson y, desde luego, de Conan Doyle: "Sherlock Holmes solo podía existir en la ficción; es demasiado lógico para la vida real. En la vida real habría adivinado la mitad de los hechos mucho antes de deducirlos".
En "La domesticidad de los detectives" admira la capacidad de los franceses para ir al grano y organizar el relato: Dumas le parecía un militar. No creía que Los tres mosqueteros fuera un derroche de plumas y espadas, o de pura aventura. Para él "no son mero derroche, sino más bien una revolución militar, incluso una revolución disciplinada, y, desde luego, una revolución muy francesa".
Una novela policial inglesa que podría haber ocupado un puesto de honor quedó inconclusa por muerte del autor: El misterio de Edwin Drood, de Charles Dickens. Chesterton expone las teorías de otros autores, y subraya su condición excepcional en la obra del autor: "La única novela que Dickens no terminó fue la única que necesitaba un final". El largo texto es de los más absorbentes del libro.
El estado de alerta y diversión que caracterizan a Chesterton desarticula el peso de la repetición. Siempre aparecen frases brillantes o cargadas de humor, paradójicas, inquietas: "Es un hecho bien conocido que le gente que jamás ha tenido éxito en nada termina escribiendo libros sobre cómo tener éxito"; "No podemos aterrorizarnos por una sociedad secreta de asesinos que se han conjurado para matar a un tipo tan aburrido que estaría mejor muerto"; "La mayoría de la gente, de hecho, está del lado adecuado y simplemente lo oculta".
En un texto sobre la lectura de novelas define el "talento de la novela inagotable" de Walter Scott, Thackeray o Dickens por la posibilidad de volver a entrar en esas largas novelas cuando quiere, "como otros entran en su club", siempre con la sensación de descubrir algo nuevo.
Cerca del final declara que una ciudad, al fin, es más poética que el campo: "la Naturaleza es un caos de fuerzas inconscientes, una ciudad es un caos de fuerzas conscientes". Esa convicción no haría más que demostrarse a partir del año 1936 en que terminaron su vida y estas páginas.
CÓMO ESCRIBIR RELATOS POLICÍACOS, de G. K. Chesterton. Acantilado, 2011. Barcelona, 255 págs. Distribuye Gussi.

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