sexta-feira, 27 de maio de 2011

El País Cultural: a resenha de Soledad Platero sobre livro de Joyce Carol Oates

Oates in 2006. Photo: Sarahana Shrestha

NOVELA DE JOYCE CAROL OATES

La destreza de una experta


Soledad Platero
JOYCE CAROL OATES lo hizo una vez más. Publicó otra de esas novelas que hacían crispar de horror y envidia a Truman Capote, y que la vienen manteniendo entre los autores más leídos en su país desde hace décadas.
Hay quienes dicen que el Gran Novelista Norteamericano -una fantasía que ronda toda producción de largo aliento ambientada en los Estados Unidos- no es un hombre, sino una mujer, y se apellida Oates. La afirmación es verosímil. Esta mujer menuda, con cara de ratón de biblioteca y ojos agrandados por lentes gruesísimos, lleva publicada una centena de títulos entre los que hay novelas, cuentos, poesía, ensayo y teatro. Aunque sería exagerado decir que todos son buenos, hay que reconocer que con los que son muy, muy buenos, ya se ganó un lugar indisputable en las letras en lengua inglesa.
Ave del paraíso es una muestra de lo mejor de Oates: un novelón gótico escrito con la inteligencia y la destreza de una experta. En el comienzo hay un crimen. Una joven mujer, esposa y madre, aparece asesinada brutalmente en su cama, en la vivienda barata que compartía con una amiga desde que había tomado la decisión de cambiar de vida, dejando atrás a su marido. El que la encuentra es Aaron, su hijo adolescente. La policía comienza inmediatamente a buscar sospechosos, y los que se perfilan con más posibilidades son el ex marido, Delray Kruller, y el amante, Eddy Diehl. Como en una novela de James Ellroy, esa muerte brutal, especialmente violenta, pondrá en marcha una historia que se abre siguiendo a dos personajes: Aaron, el hijo de Zoe Kruller, y Krista, la hija de Eddy Diehl.
Pero Oates es una escritora superior a Ellroy. Sus novelas son mucho más que los truculentos temas que elige (o que la eligen, de creer en sus declaraciones). Es en el notable manejo de las voces narrativas, en el exacto aire que da a cada personaje -a los pensamientos y sensaciones de cada personaje- que se sostienen sus dramones, siempre a un paso de tocarse con la literatura más barata y sensacionalista, pero siempre a un paso también, y mucho más corto, de las grandes novelas clásicas.
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