domingo, 15 de abril de 2012

Xadrez - Uma imortal pelas casas negras


Torneo de Candidatos, Bruselas, 1991

Situémonos, estamos en los cuartos de final del torneo de candidatos de 1991, Kasparov espera pacientemente al rival que ose disputarle su corona de rey del ajedrez. Un joven ucraniano de 22 años, que responde al nombre de Vassily Ivanchuk, es la gran sensación del momento ya que acaba de vencer en Linares por delante del mismísimo campeón del mundo. Ivanchuk ha accedido a los cuartos de final al barrer del tablero a Leonid Yudasin (4'5-0'5)... no son pocas las voces que pronostican que Ivanchuk se llevará este torneo.

A Ivanchuk le esperaba Artur Jussupow, que  venía de demostrar su templanza en los octavos de final al eliminar a Sergey Dolmatov en el desempate de rápidas por 2'5-1'5. En el ciclo anterior había demostrado su fuerza al llegar a semifinales, donde fue eliminado por Anatoly Karpov.

El encuentro estaba programado a ocho partidas y la igualdad lo presidió desde su inicio. Sin embargo, Ivanchuk logró adelantarse en la quinta partida y así se llegó a la última. A Vassily le bastaban una tablas, pero aquí comenzó a fraguar su historia negra de nervios y descontrol. Jussupow le barrió del tablero de una forma espectacular, a golpe de combinación, remoderando a los viejos románticos tiempo atrás desterrados de los tableros de ajedrez: (Ver partida).

Jussupow supo aprovechar el estado de ansiedad y nerviosismo de su rival, y se lanzó a por todas en la primera partida del desempate (ni más ni menos que la que ustedes están contemplando en este momento). El juego de Jussupow fue como una avalancha que un desbordado Vassily no pudo ni supo contener, una partida preciosa con un nuevo ataque lleno de contundencia. La siguiente partida finalizó en tablas, con un Ivanchuk deprimido que no tuvo ninguna opción y que decía adiós a sus opciones de ser campeón del mundo.

Jussupow firmó de este modo uno de los episodios más brillantes de la historia reciente del ajedrez, jugando dos partidas llenas de brillantez de forma consecutiva, ante un rival fortísimo y en una situación de extrema presión por la importancia del torneo y por tener que voltear el marcador. Pero así se dan las gestas, con sufrimiento y genialidad.

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