sexta-feira, 19 de agosto de 2011

A un pobre caballo viejo



¡Cuánto dolor en los ojos,
sobre su cara alargada,
muestra esa triste mirada
desde un cuerpo hecho despojos!
¿Soñaría con rastrojos,
agua fresca y buena sombra...?
Me mira y ya no le asombra
si entre iguales no relincha:
preso a un carro, por la cincha,
y a un amo cruel, que lo nombra.

¡Yo sé que serías feliz
si en paga de tu jornal
tuvieras el imbornal
con abundante maíz...!,
¡pero humillan tu cerviz
como si nada valieras,
gentes de vidas rastreras,
de alma chica y sucias manos,
que voraces, cual gusanos,
te usarán hasta que mueras!

¡Pobre compañero viejo!
El peso de tu cabeza
también carga mi tristeza,
y el desgarbado reflejo
de tu imagen, me hace espejo.
¡Quién cambiara tu destino,
pues sé que el cuerpo cansino
sobre el que trota tu alma,
añora un prado y su calma,
más que estos versos sin tino!

Darío García, Jaguarão, 13/08/2011.
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